Confirió esta ordenación el Cardenal Celestino Aós Braco, quien expresó en su homilía, que ellos ya tenían una experiencia de servicio y generosidad en el matrimonio, como esposos y padres de familia, un compromiso a prueba de todo: “Hay que ser generosos en la entrega y el servicio, no se puede vivir bien un matrimonio en la tristeza ni la amargura (…) un diaconado que no se vive en la generosidad no sólo no llena la vida, sino que resulta una incomodidad y un peso. Ustedes se van a comprometer, serán diáconos en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, con este y con el otro párroco, con esta y la otra comunidad”, indicó el Cardenal, agregando que Dios ama al que da con alegría.
Un compromiso con la Iglesia de Santiago
Cada uno de los ocho diáconos, fue pasando frente al Arzobispo, para responder las “Promesas de los diáconos elegidos” y luego sellaron este momento, postrándose en el suelo como signo de humildad, amor y donación a Dios que los ha llamado, ante la emoción de toda la Iglesia de Santiago, reunida y entonando las “Letanía de todos los Santos”, pidiendo la intersección de todos ellos, que han sido reconocidos como modelo para nuestra Iglesia.
El rito de ordenación siguió con la imposición de manos y la plegaria de ordenación por parte del Cardenal Aós, mientras los candidatos al diaconado permanecían de rodillas el Arzobispo extendía sus manos sobre sus cabezas, es en este momento, donde se pide la intersección del Espíritu Santo, para que los fortalezca con su gracia y sus siete dones.
Al otro lado del altar los familiares, amigos y sus comunidades, atentos a todos estos ritos, emocionados y retratando con sus teléfonos, cada uno de los momentos, entre ellas, Patricia Bravo, esposa del diácono Eduardo Pineda, que siente este llamado al diaconado como suyo también: “Dios nos llamó y nosotros le dijimos acá estamos Señor y él hizo su obra, pues nosotros estamos para servirle. Somos una familia muy participativa en la parroquia y este llamado es para todos y lo vivimos con mucha humildad y responsabilidad de servir bien a Cristo”, expresó Patricia, quien es de la comunidad San Juan Bosco, de la Zona Sur de Santiago.
En la oportunidad también se revistió a los diáconos ordenados con los “Ornamentos Diaconales”: La estola sobre el hombro izquierdo, la dalmática (túnica blanca), el libro de los Evangelios y se cerró este momento con el abrazo de la paz, por parte de obispo.
Al igual que Patricia, estaba Verónica Cuevas, amiga y comadre de Robertino Pizarro, de la parroquia Cristo Resucitado de Maipú, quien también quiso acompañarlo en esta ceremonia junto a su hijos gemelos, que son ahijados del nuevo diácono permanente: “Es una bendición tener un diácono y que además sea padrino de mis hijos, lo hemos visto muy entusiasmado en el proceso de formación, siempre disponible, caminado hacia delante “, señaló Verónica.